martes, 7 de mayo de 2019

Los analistas siesos





Como esa figura un tanto anticuada de la persona atada al transistor mientras hace sus labores diarias, yo soy, como muchos otros, aficionado a escuchar podcast. La ida y la vuelta al trabajo, las tareas domésticas, la obligada visita al supermercado, algún viaje en coche, tienen un podcast como banda sonora.

Suelo escuchar según lo que vaya consumiendo en cada momento y tengo mis podcast de cabecera, claro. Voces que suenan familiares, con las que he tenido el gusto de compartir un rato de charla más allá de mi papel de fan, gente que me gusta por su criterio o su forma de contar las cosas.

Pero he decidido dejar de escuchar podcast que hablen de productos de moda, o para el público masivo. El mainstream de toda la vida, vaya. Me resulta muy difícil escuchar podcast donde se dedican horas a analizar de pé a pá una obra en la que se analiza cada hebra de la misma con el ojo más analítico posible, colocando bajo el microscopio subjetivo cada aspecto de lo que se vaya a comentar. Dicen que uno de los rasgos de la inteligencia es la capacidad análitica y crítica del entorno; por lo que, muchos de estos "críticos expertos" calibran su inteligencia y capacidad según el número de pegas que le sacan a una película o serie de éxito.

El pensamiento debe ser el siguiente: La peli X está petándolo en taquilla y parece ser que el altar de las redes sociales le da su bendición. Coño, me tengo que preparar mi participación en tal podcast y quiero parecer un tío puesto, que maneja, no puedo decir simplemente lo que me ha gustado y lo que no, porque hablamos de gustos personales, tengo que analizar, ANALIZAR, diseccionar parte por parte la peli porque el podcast va a ser de los largos, de los de ir meados y cagados. ¡Y no puedo ser de la masa aborregada que todo lo gusta, que acepta lo que les ofrecen las malvadas productoras que sólo quieren nuestro dinero!

El analista sieso tiene que marcar el territorio. Tiene que dar una valoración de cada minuto de metraje, y soltar una de las frases que más odio en el mundo: "esta escena (dicen escena pero no tiene que ser tal) me ha sacado de la película". ¿Qué coño es eso, tío? Es que a lo mejor está hablando de un detalle de producción, de la mirada de una actriz, del acorde de la banda sonora. Y le saca de la película, y ya todo mal. El analista sieso no puede disfrutar, o al menos que se le note, porque siempre habrá un pero, una peguita, un detallito, que él hubiera planteado mejor.

Porque el analista sieso sabe hacer las cosas mejor que el firmante de la obra. El analista sieso se soluciona un guion de un plumazo, porque él sí sabe lo que la gente quiere. ÉL.

Pero el analista sieso siempre tendrá una respuesta a todo esto: "Entonces, ¿tiene que gustarme todo? ¿Tengo que dejar que nos metan mierda en el gaznate y sonreír? ¿Tengo que comulgar con ruedas de molino? Por supuesto que no, hijo mío, nadie te dice eso. Pero podrías ser menos repelente, menos perdonavidas, menos expertito, o simplemente que parezca que te interesa el tema al que has dedicado tres o cuatro horas de tu vida a despellejar. El espíritu crítico no es lo que practica el analista sieso. El analista sieso sólo quiere ser más listo que nadie y sentirse importante por querer enmendarle la plana al producto de turno.

El analista sieso da un poco de pena porque sólo desempeña un papel. No me creo que nadie que se llame fan disfrute menos de las cosas. Es más, luego, en persona, te pueden reconocer que bueno, que es que hay que sacarle punta  a la peli o serie, que si no... Y ahí se quedan en el "y si no".

Y así, murió el podcaster estrella, por sieso.




jueves, 7 de marzo de 2019

La Capitana Marvel tiene que ser como ellos quieran.





Pensé que eran casos aislados, gente con mucho tiempo libre y pocas luces. Hombres, que no chavales, entrados en años, desinformados y cargados de bilis con ganas de ejercitar eso que llaman incorrección política; seres "libres" de decir lo que quieran como quieran porque "basta ya de vivir bajo la suela de lo políticamente correcto. Las cosas como son y al que no le guste que se joda". De los que dicen feminazi con la velocidad de un pistolero tuitero y a la mínima de cambio. La opresión de las feminazis, dicen, con los dedos llenos de ganchitos y la cara pegada a la pantalla, mientras esperan a que sus madres les llamen para comer: "niño, sal de ese cuarto para que pueda limpiarlo, que huele a leonera". O son señores casados y bien casados, que comentan en internet mientras sus hijas juegan en el parque o ven dibujos animados en la tele. El caso es que no son tan pocos como yo creía.


Y todo esto porque se estrena una peli. Hoy es una peli de Marvel y mañana es una actriz que denuncia un acoso o que contesta en una entrevista algo que no cuadra con lo que se supone que tiene que decir. Porque resulta que la Capitana Marvel tiene el culo carpeta. Eso dicen, mientras hacen memes con una foto del culo que del chico que hace de Spiderman y comentan cuál es el más apetecible. Tú no has catado culo alguno en tu vida, hulio. ¡Qué cómo va a ser eso! ¡Que no tiene cuerpazo de superheroina! ¡Que el universo Marvel se hunde porque a Brie Larson, la feminazi, dice en una entrevista que le gustaría ver más variedad racial y cultural en la sociedad! La mujer se atreve a cuestionar un mundo donde la inmensa mayoría de periodistas que la han entrevistado son hombres blancos y ya es una feminista radical. ¡Radical! Ah, y porque ha dicho sin pedir perdón que es activista feminista. Vamos, que quiere la igualdad entre hombres y mujeres. Eso sí que no. Podrá interpretar a una mujer que salva el mundo pero eso de la igualdad no.


Esta gente, los yo no soy machista pero, afirman que no van a ir a ver una película donde la protagonista sea una mujer que haya dicho eso. Es una amenaza tan grande que se sienten ofendidos en su masculinidad. Si hubiera contestado otra cosa al preguntarle… Si hubiera sonreído como tantas y tantas otras… Pero no. Capitana Marvel está llena de cosas feminazis. ¿Qué haces, Marvel, cosas feminazis? Sí, cosas feminazis.


Ah, y que la peli se estrena el 8 de marzo y se ha promocionado en base a la imagen de una mujer emponderada. Peli feminazi, dicen mientras graban o comentan vídeos de youtube, en redes sociales y en cualquier sitio donde haya que plantar una pica en Flandes. Pero no son machistas, ojo, es que estas cosas no se hacen. Los superhéroes son sagrados y no pueden mancharse con nada que no sea la sangre de los enemigos y el aceite de bebé para los músculos.


No son pocos, están ahí, dando por saco. Y dan asco porque no quieren ni pararse un segundo a analizar lo que escriben, ni cuestionarse lo que piensan. Escribo esto un día antes del estreno de la peli, sin que casi nadie la haya visto. Una peli feminazi, dicen, mientras sus madres les llaman para comer, que el puchero se enfría.

martes, 5 de marzo de 2019

El escritor y su etiqueta.







Al final resulta que donde yo digo género es pulp y viceversa. Pulp como concepto que trasciende a su propia definición y roza con los dedos el imaginario de la cultura pop. Pulp o Neopulp, ojo, subgénero bajo la etiqueta general, como productos en la estantería de un supermercado. Novelas, relatos, cómics con vocación evasiva, de puro entretenimiento y alejadas de eso tan etéreo como es la pretensión, que tiene que entrar en un molde porque todo tiene que estar marcado y señalado. Pulp es pulp porque bolsilibro ha perdido su esencia sociológica, porque un nombre inglés viste más, donde va a parar, y porque el que está metido en el rollo sabe exactamente qué va a encontrar al comprarlo.


Pues vale, pues es pulp. Años queriendo quitarme la gabardina del pulp y al final para qué, por mis actos me conocerán: novelas de terror, de asesinos a sueldo, de ciencia ficción policiaca, novelizaciones de pelis de terror… Al final será verdad que llevo la etiqueta pegada en la frente y por eso no me he dado cuenta. Pero pulp no, neopulp. Y me he tenido que dar cuenta al hacer un análisis de mi propia obra y la repercusión sobre el lector. El estupendo prólogo que me ha hecho Víctor Castillo para Todos somos carnaza, no ha hecho más que apuntillar mi rendición.


Abro los brazos con la camisa abierta y me abandono al frenesí de las emociones baratas, de la tapa blanda, de las páginas devoradas a toda velocidad, a la furia del estilo directo, de la imaginación y la forma embellecida con cintura y oficio. Del profesional que piensa que más de trescientas páginas es alarde, del que ya no quiere dejar huella en ningún sitio ni dar golpes sobre la mesa del panorama literario. ¡Pero si he escrito tres novelas con pseudónimo anglosajón!


Decía Chester Himes que él escribía novela de acción criminal y que su compromiso estaba en las doscientas hojas en blanco, ni una más, que tenía por delante. Al final, todo se reduce a esas páginas en blanco y a las expectativas que ofreces al lector. En un mundo lleno de estímulos no puedo competir con Netflix, ni con propuestas editoriales de alto calibre, por lo que las casas donde trabajo y yo mismo tenemos que inventarnos formas originales para picar al lector, ya sea con una portada molona, una historia bien escrita, o una campaña en internet que no sea un coñazo.


La literatura de género popular, que no es más que la forma larga de denominar al pulp, ha sobrevivido al cine, a la tele, y llega al siglo XXI viva y medio coleando. No hay HBO que pueda con una novela sujeta con una mano, con el lomo doblado, mientras le robamos horas al sueño o tenemos un momento duro en el váter, en el bus, o en la cola del médico. Novelas de amor, de misterio, de asesinos y asesinatos, de autores de moda que nos ejercitan la imaginación, que frenan la pérdida de vocabulario y nos hacen leer más que un tuit o un titular compartido en redes sociales. Podrá haber menos lectores, pero el interés es el mismo: ansia de evasión a través del medio escrito.


Da igual que te lean diez, cien o mil. Al final se quedarán por las historias, porque les hace gracia cómo escribes, o por no perder la costumbre de la lectura. Si esto es pulp, pulp minoritario y de resistencia, pues lo soy. Hay etiquetas peores.

viernes, 22 de febrero de 2019

El juicio del prejuicio.





El escritor siempre cuenta con un par de enemigos a la hora de embarcarse en una historia: los prejuicios y los complejos. No hay nada peor que un escritor acomplejado. Un escritor acomplejado está en la misma categoría que el escritor quejica; y ambos se merecen un lugar especial en el purgatorio literario. Los complejos atacan al escritor a través de dos vías: la cabeza y el entorno. Siempre pensaré que mi historia está sobada, está muy vista o no merece la pena que nadie le dé una oportunidad. Ese es el primer pensamiento. Es natural y sano, porque nunca leeré nada de nadie que afirme que su primera idea es lo más original que ha salido de pluma alguna. Huye sin mirar atrás de los descubridores de la pólvora. El frasco de las esencias fue destapado hace mucho tiempo por hombres y mujeres mejores que tú, y sólo podemos intentar no hacer el ridículo, tocar nuestra canción sin afinar, esperar a que se apaguen los focos, y divertirnos.


Y para divertirse hay que esquivar con la mejor cintura posible a todos aquellos que hablan de lo que se debe escribir y sobre qué escribir. Esos que te ponen la mano en el brazo y te miran con ojos de matarife perdonavidas. «Esto es un topicazo, dedícate a otra cosa. ¿Por qué no escribes sobre otros temas? ¿No te das cuenta de que esto no es Literatura?» Literatura con ele mayúscula. Literatura de la buena, de la que ellos digan.


Después de siete novelas, y escribiendo estas palabras al borde de los cuarenta, me resbalan los toquecitos en el brazo y los salvapatrias literarios. Si esto es diversión, haz lo que te dé la gana. Lo que te salga de las tripas, lo que te ponga; ponle ganas, esfuérzate y piensa en ese lector que está saturado de oferta de ocio y que le ha dado una oportunidad a tu novela. Piensa en él y trabaja para hacer algo digno. Lo que quieras, pero digno. No hace falta desgarrar la gramática con piruetas estilísticas, ni querer tirar al suelo el micrófono del estilo con las gafas de sol puestas después de terminar la novela. Sólo cúrratelo, acaba, y no te comas la cabeza porque es sólo algo tan importante como la diversión.


Si vives en Albacete, y te gusta el género fantástico, podrás escribir sobre un medio orco llamado Flinnergan que vive en el Reino Quemado de Nordrond Norte y que está medio enamoriscado de un enano mercenario de la Muy Ilustre Compañía de Milicianos de Rosario. Siempre te encontrarás con el que te advierte de las nomenclaturas Tolkenianas y del uso de razas ya vistas. Vale, ¿y? Tal vez la misma persona te iluminará pidiéndote mayor esfuerzo en aspectos de originalidad mientras obvia esta crítica en otros productos como pelis, videojuegos, series o música. O no te leerá jamás. Te han puesto la etiqueta, amiguete. Y las etiquetas en internet son más duras que un cuerno.


O vives, no sé, en Orihuela y escribes novela negra sobre un detective llamado Johnson que trabaja en el Nueva York de los años treinta. ¡No! Aunque escribas bien, te documentes, tengas estilo y tu historia sea divertida, tendrás con bregar con eso de… Oye, oye, que esta persona es de Orihuela y escribe "anglosajonadas". ¿No os habéis dado cuenta? Pues sí, a lo mejor el autor conoce que no nació en Manhattan, ojo, pero nunca viene mal que alguien te señale el detalle.


Si te roban el origen de la novela, si te coartan tu propia imaginación, estás perdido. Estás en manos de gente que sólo busca la burla, el desprecio y el prejuicio.


El caso, y este es el meollo de todo, es que no importa. Vivimos en un mundo cada vez más pequeño, donde las influencias son brutales y las corrientes culturales, pese a fluir desde occidente casi siempre, sirven para enriquecer y entretener. Si tu novela está bien escrita y entretiene al lector, ¿qué más dará de dónde seas? A lo mejor te lee alguien de la otra punta del mundo y le importa entre cero y nada la procedencia del autor.


Como dicen las frases motivadoras: ¡Fuera complejos! Hazlo lo mejor que puedas, no te creas el puto amo, diviértete y que te quiten lo bailao.

jueves, 24 de enero de 2019

Demons, la pesadilla retorna.










SINOPSIS
«Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestras tumbas», amenazaba Demons desde su mítico cartel, que prometía una sesión de terror inolvidable y extremo que cumplía con creces. La cinta dirigida por Lamberto Bava y producida por Dario Argento supuso uno de los últimos hitos del cine de género italiano, antes de que la censura ejercida por las cadenas de televisión aniquilara casi por completo esa filmografía llena de furia y sangre que encontró en esta película algo parecido a su canto de cisne. Pero antes, hubo tiempo de ver una secuela también reivindicable y que, con el tiempo, también ha adquirido estatus de culto.
¿Por qué Demons y Demons 2 causaron un impacto tan grande que aun hoy, treinta años después, sigue siendo palpable entre los fans del cine fantástico? ¿Cómo surgieron? ¿Cómo se hicieron? ¿Qué ha sido de quienes las hicieron posibles? ¿Por qué fueron tan importantes? Estas y otras cuestiones son las que intenta resolver Pedro José Tena en un libro fruto de la investigación llevada a cabo durante varios años, profuso en información y declaraciones inéditas, que ha contado con la participación de muchos de los que hicieron posibles estos hitos del horror transalpino.
Incluye prólogo de Luigi Cozzi y numerosas entrevistas exclusivas: Lamberto Bava, Dardano Sacchetti, Sergio Stivaletti, Bobby Rhodes, Geretta Geretta, Fabiola Toledo, etc. La portada es obra de Jairo Guerrero.























RESEÑA






La pesadilla no es que retorne, es que jamás se ha ido. Pedro José Tena se encarga de recordarnos que Demons siempre ha estado ahí, pululando entre otras películas, otras series que pueden ser similares, peores o mejores, pero que siempre se comparan con estos productos del mejor y algo tardía cine de explotación italiano.


Un libro sobre las dos películas de Demons. La propuesta entra dentro de la categoría de proyectos arriesgados, de público selecto, conocedor del tema y con ganas de encontrar datos más profundos de los que existen a un par de clics de ratón. Es lo que tiene escribir sobre un algo tan específico como un par de pelis italianas estrenadas en los ochenta y amadas por aficionado al fantaterror. Ese público que dice sabérselas todas, que se bañan en la charca de IMDB, que se oyen cuanto podcast se emite sobre cine fantástico y que siempre quiere más, más y más.


Demons, la pesadilla retorna es, si se puede decir esto alguna vez, el libro definitivo sobre Demons 1 & 2 de Lamberto Bava. Sí, se puede hacer un libro definitivo sobre un par de pelis de culto y que sea capaz de interesar a alguien que tal vez viera las pelis en su momento y que las tuviera medio olvidadas o al "experto" más pejiguera.


Pedro José Tena es un enamorado de Demons. Esto, en principio, no tiene que ser ni bueno ni malo. Se puede ser un amante de algo y no saber escribir ni trasmitir tu pasión de forma adecuada. Es más, me he encontrado a mucha gente muy apasionada por algo y que son incapaces de contagiar nada que no sea aburrimiento y datos administrativos. Ser fan no te imbuye de capacidad alguna para escribir. El fan es eso: un fan. Y Pedro es un fan de cojones que salva la excepción con cintura, espíritu ameno y hondura. No es sólo el típico libro de aficionado para aficionados, sino que es un gran libro sobre cine. Cine fantástico; cine italiano de explotación; cine de Lamberto Bava… Sí, cine. Y como buen libro sobre cine no es una máquina de vomitar datos o apreciaciones empujadas por el ego del crítico. Es un libro personal, plagado de consideraciones del propio autor, plagado de notas de interés y, sobre todo, lleno de testimonios de los principales implicados en las dos películas.


La joya de la corona de este libro es leer un montón de entrevistas a actores, miembros técnicos, guionistas y demás de Demons 1 & 2. Es una gozada leer las respuestas a las preguntas variadas y con chica de Geretta Geretta, Urbano Barberini o el propio Lamberto Bava o Bobbi Rhodes. Anécdotas, curiosidades, e incluso contradicciones de los participantes que le dan riqueza a un libro que podría haber sido el típico glosario sacado de blogs, páginas webs, o la paja mental de un flipado sobre el fantaterror.


En este libro hay un amor supremo hacia las películas. Un amor respetuoso pero alejado de la alienación del fan ciego. Es un libro golosina que se compra uno nada más conocer su existencia porque no es que lo necesites, sino que es un antojo, por lo que es más valioso si cabe.


Applehead y Pedro José Tena me han regalado un par de noches de lectura y una sonrisa. Me han llenado las estanterías del cerebro de datos que desconocía y de una visión más rica de unas películas que me han marcado de cierta forma. Yo también soy un poco Pedro José Tena, pero más cobarde. Él ha tenido las narices de cocinar un libro como este. Un libro sobre el cine que nos gusta, del que recordaremos toda la vida por encima de altos presupuestos e ínfulas artísticas.


Larga vida a Demons.








miércoles, 2 de enero de 2019

Aquaman.




ENTRADILLA CON DESTRIPES.

En un momento de Aquaman vemos a un pulpo gigante tocando un tambor con los tentáculos. Eso pasa al rato largo de empezar la película y yo ya estaba con la cuchara entregada. Y es que hay una expresión inglesa que define totalmente a esta peli: OVER THE TOP.

Es nuestra amada y rica lengua podría equivaler a desparrame. Y eso es Aquaman: un desparrame de dos horas donde el espíritu de Flash Gordon se reencarna en una producción irrepetible y con resultado final increíble para lo que se esperaba de ella. Ya he hablado otras veces de lo que nos gusta tirar al barro cualquier cosa antes de verla nacer. Todos tenemos algo de abortistas culturales, de talibanes de lo que aún no se ha publicado, de infancias violadas y del "ojo cuidao". Y el universo DC en el cine es un campo abonado para tener siempre una antorcha preparada y predicar una opinión que no nos ha pedido nadie.

Y Aquaman es el milagro que nos dice que hay margen para la sorpresa y que todo no es tan predecible como parece. Aquaman es la aventura más pulp que he visto en mucho tiempo. Pulp en su sentido más clásico. Llena de mundos en el interior de la tierra, dinosaurios, bestias abisales, piratas submarinos, mapas escondidos y una batalla entre diferentes razas de la que no se entera nadie en la superficie. Es el viaje del héroe con extra de músculo y macarreo. Es un Aquaman que podría llamarse Jack, El Corsario de los Mares o lo que sea. Es el personaje más cercano y más alejado de su referente comiquero, es pura contradicción argumental, cúmulo de cosas que pueden salir mal y aciertos que no sé si son conscientes o la magia de un James Wan que demuestra que no hay material que no puede convertir en algo entretenido.

Jason Momoa es Aquaman pero es más Momoa que otra cosa. Un actor que se aferra a un icono que él mismo ha creado y es superviviente de una Liga de la Justicia que casi le manda al banquillo antes de empezar su propio partido. Momoa va entregado por una causa más grande que él mismo. Ahora todo recae (me refiero al Universo DC cinematográfico) en sus hombres y en los de Gal Gadot. Ni Batman, ni Superman. La gente se ha rendido a los pies de una diosa y de un... yo qué sé no muy bien explicado con un tridente enorme y ganas de divertir.

Aquaman son dos horas de peleas, duelos, batallas, persecuciones, bromitas, destinos manifiestos, canciones de Pitbull, BSO acertada, Amber Head, rejuvenecimientos digitales a tope y aventura, mucha aventura. Es una película de sábado por la tarde increíblemente vigorizada, donde todo es colorista y llamativo. Una película a la que es muy fácil perdonarle sus errores porque entra bien, porque al poco de empezar a verla estás muy a favor de ella, porque es sencilla y luminosa...

Porque DC tal vez haya visto el éxito en el entretenimiento. Qué tontería, ¿verdad?

jueves, 7 de junio de 2018

Zombi 3










Si Nueva York bajo el terror de los zombies fue ya un intento de exprimir el éxito de taquilla del Zombi de Romero, ya que en gran parte de Europa se bautizó como Zombi con el montaje de Dario Argento y la música de Goblin, no quedaba sino seguir con la vereda de las secuelas apócrifas del film del creador de La noche de los muertos vivientes. Por ello, en un tardío 1988 llegó a algunas pantallas de cine, y en el 89, a los videoclubes españoles… ¡Zombi 3! El éxito de Nueva York bajo el terror de los zombies había sido espectacular y la veta de pelis como El regreso de los muertos vivientes (Dan O´Bannon) o El día de los muertos(del propio Romero) seguía ofreciendo beneficio.
Y firmada por el mismo director del anterior film: Lucio Fulci. Firmada que no filmada en su totalidad, ya que le echaron un cable Bruno Mattei y Claudio Fragasso, dos “maestros” del cine de explotación mediterránea.
Lucio Fulci es “il maestro” por antonomasia del aficionado a la explotación italiana. Director de obras tan llamativas como personales: Más AlláLa ciudad de los muertos vivientesEl destripador de Nueva York, entre otros clásicos del videoclub de oferta de fin de semana, se forjó una carrera desde la década de los sesenta en todo tipo de géneros, desde la comedia, hasta el poliziesco, pasando por el western. Un hombre que llegó a la dirección porque no le llegaba el sueldo con su labor de guionista y que no estuvo especialmente inclinado hacia el terror, aunque el mercado le empujó al Olimpo del género. Un director que supo darle estilo y diferenciación formal en la mayoría de sus trabajos y que supo elevarse por encima de sus coetáneos. Y que en Zombi 3 no estaba en la mejor de las formas.
Porque Zombi 3 fue un rodaje infernal en Filipinas, una película rodada a seis manos con la precariedad por bandera, el clima más pegajoso y una cirrosis que apartó a Fulci del rodaje. ¡Una aventura al más puro estilo italiano!
Pero, ¿de qué va Zombi 3? En un país por determinar, y en lo que parece una central nuclear y laboratorio biológico, un grupito de científicos de esos que lo gozan jugando a ser Dios y lamentándose después de ello crean el potente Death 1. Un gas que revive a los muertos y que los convierten en devoradores de carne. Un gas que actúa con una rapidez inaudita y que, ¡oh!, es robado por un grupo de ecoterroristas de esos que agarran el maletín con el gas y echan a correr por la selva como alma que lleva el diablo. Uno de esos terroristas de intenciones jamás explicadas recala en un hotel de media estrella donde empieza a infectar los pobres empleados y convertirlos en zombis contrahechos, purulentos y de capacidades cognitivas diversas según lo exija la escena.
Un grupito de turistas y unos soldados escapados del rodaje de El guerrero americano 2, van a caer a la zona cero y tendrán que escapar no sólo de los zombis sino de unos equipos de limpieza que el inepto general Morton ha enviado para tapar el affair del gas Death 1. Un dislate.
El director Dean Sarafian convertido en héroe de acción, la guapísima Beatrice Ring como damisela en apuro, uno de los famosos hermanos, Ottaviano Dell´Aqua y Massimo Vanni, un habitual de estas producciones, encabezan esta producción con un guion modificado veinte veces y que se cataloga más como una película de acción con notas de gore que como un film de terror al uso. Lo que llamaríamos ahora un survival horror con un esquema propio de videojuegos como Resident Evil. Nuestro equipo de supervivientes se enfrenta a zombis formados por figurantes ajenos a la prevención de riesgos laborales que les atacan con machetes, o con lo que pillan, incluidas cabezas voladoras de que surgen de frigoríficos o partos zombis que luego adaptaría con mayor fortuna Zack Snyder en su Amanecer de los muertos. Amén de acrobacias, tiroteos contra el ejército, escapes en helicóptero y demás troppos del género pero todo con mucho ritmo, con desenfreno y ganas de que todo termine. A lo César lo que es del César y gran parte del mérito de que la película vaya a tres mil por hora y pase de todo se debe al montaje de Mattei y sus añadidos al rodaje: pura adrenalina de guerrilla al servicio del propio mercado italiano. Un mercado con vocación comercial que ya daba sus últimas boqueadas después de unos años de éxito. Franco di Girolamo se encargó del maquillaje y los efectos especiales en un entorno poco saludable y con temperaturas asfixiantes, como señalaría parte del elenco y el equipo. Un rodaje digno de un documental donde Fulci se marchó a Italia porque no podía más, y tuvieron que rodar media hora de metraje con sólo uno de los actores protagonistas. Al final, con oficio, pudieron sacar un producto digno dentro de los cánones del género y que está revestido de un aura de culto que no sé si es justo con el resultado final.

Zombi 3 es esa película que meten en el saco de malas pero divertidas, tal vez llevados por prejuicios o mala conciencia cinéfila. ¿Es mala? No más que otras muchas. ¿Es divertida? Para mí sí, y mucho. Zombi 3, junto con La invasión de los zombis atómicos de Umberto Lenzi, es una de mis pelis de explotación favoritas. Un placer nada culpable (cómo odio esa expresión), que viene bien de tanto en tanto.