jueves, 11 de enero de 2018

Masters del Universo








Algunas veces es prácticamente imposible separar la nostalgia o el recuerdo del momento vivido al ver una y otra vez una película. Y eso me pasa con Masters del Universo, la conocida y entrañable versión cinematográfica de los muñequitos de Mattel.

En las Navidades del 89 yo tenía un grave problema con las divisiones de dos cifras y con los deberes que me había mandado para las vacaciones. Los días pasaban y yo me iba dejando ir, cuando no me inventaba los resultados como quien no quiere la cosa. Recuerdo que, después de una bronca de mis padres por este motivo, salimos de paseo y fuimos a parar al videoclub Cordelles para coger la mítica oferta de fin de semana que incluía una de estreno y dos pelis de las "baratitas". Yo estaba como loco por ver Masters del Universo. Pero loco. Me había pedido para Papa Noel el muñequito de Blade, uno de los villanos de la peli, y algunos de mis amigos del cole ya la habían visto. Estaba en clara inferioridad y me empezaba a poner nervioso. Pero claro, después de la bronca, cualquiera era el guapito de cara que pedía una peli de "estreno". Pues sí, amiguitos, la película cayó junto con otra mítica: Una pandilla alucinante.

Cada vez que veo a Dolph Lundgren en Masters del Universo me acuerdo de esas navidades del 89 y del buen rato que pasé sin importarme los chanchullos de la Cannon, quién era el director, los problemas económicos de la cinta, las divisiones con dos cifras o cualquier movida aledaña a la película. Para mí servía totalmente. Me flipó esa música y ese aroma a La Guerra de las Galaxias; los malos que parecían Darth Vader y ese Skeletor que tenía una de las máscaras y uniformes más alucinantes del mundo. Y sí, vi la escena postcrédito; y sí, me encantó el duelo final y la llave musical. ¡Todo era guay!

Ahora, la he vuelto a ver con mis hijas y me sigue gustando. Y a ellas también. Porque el guión funciona y los malos son malos y los buenos hiper buenos; porque es una película que se deja ver casi sin darte cuenta. Da igual que fuera Cannon o de otra productora, eran Los Masters del Universo y se escapa de cualquier análisis adulto y condescendiente.

¡Buen Destino!

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